dissabte, 14 de setembre de 2013

EL DESTINO DE UN SOÑADOR QUE NACIÓ PARA SER LIBRE

Decimonoveno capítulo- LO QUE SIENTEN LA ESENCIA Y LA ASESINA

Ni siquiera sé que pasa a continuación. Yo me quedo helado, exhausto, paralizado y desconcertado. Ni tan sólo puedo mirarla. Mi vista no funciona. Y mis músculos se entumecen, y el dolor que me causa el apretón de Noah ni siquiera lo noto. No escucho nada. Es como si mis pensamientos me hubieran absorbido y sólo existiéramos ellos y yo. Y puede que para mí, en este momento, sea así. Pero mi mente no funciona correctamente. Nada en mí funciona bien.
-          ¡ENCERRADLA EN EL CUBO DE CRISTAL! – chilla la muerte, señalando una puerta que hay a sus espaldas.
Dani y Marta la consiguen coger a pesar de sus esfuerzos por zafarse de sus manos. Le esposan las muñecas y se pegan a ella con fuerza para que no pueda escapar. Puede incluso que Dani esté demasiado cerca.
-          ¡ALES!- es el único grito que escucho de Alek.
Y entonces mi mente empieza a funcionar. Y lo recopila todo en un segundo. Veo y noto el dolor que está sintiendo Alek por dentro. Veo que me mira, que llora y que, al final, se rinde ante las manos de los dos miembros del Tribunal.
-          ¡ALEK!- y mi voz se rompe en ese último esfuerzo por recuperarla. Como no, en vano.
Me muevo en las manos del cazador, pero él parece tener una fuerza sobrehumana y lo único que consigo es que me pegue una bofetada en la cara. Y no sé cómo lo ha conseguido, pero ese golpe ha desmoronado todos mis muros. Sólo quiero llorar. Tan sólo eso. Me caigo al suelo de rodillas, y no lo hago del todo porque Noah me coge de las muñecas y no me lo permite.
Entre llantos, el grito de la Muerte, se convierte en un susurro para mí. En un susurro que me mata.
-          Carl, ves preparando la guillotina de cristal. Parece que hoy le daremos un buen uso.
Escucho los pasos de Carl que se dirigen a una puerta que hay a mi izquierda. Pero yo ya no le doy importancia a nada. Ya no me importa llorar, caerme y parecer lo que soy, un simple cobarde que llora sus errores. Porque ya no me importa nada, porque ya estoy muerto. Ahora estoy muerto, y todo lo que me hagan no me afectará, porque me han matado cuando se han llevado a Alek. Ahora mismo desearía gritar, expresar todo lo que siento. Necesitaría mil palabras para poder explicarme. Pero no sé cuáles serían esas palabras, porque no sé lo que siento, no sé ni siquiera quien soy, qué soy.
Pero eso parece que lo van a solucionar en unos instantes. El primer paso que da la Muerte hacia mí, hace que levante la cabeza, aunque no que me ponga en pie. No tengo fuerzas para eso.
La Muerte camina con una agilidad y rapidez que en tres segundos se encuentra a mi lado. Verla tan de cerca hace que me estremezca. Noto su respiración en mi frente, y es fría. Igual que la mano espectral que me coloca en la frente. Y cuando lo hace, no me da tiempo si quiera a mirarla a la cara, porque los recuerdos me invaden. Pero no todos, sólo los más importantes de mi vida, todo lo que ha marcado a mi yo. Y justo es todo lo que le expliqué a Alek. Al menos le fui sincero, no le mentí… Cuando llegamos a la parte en que la conozco, mi corazón se detiene por un momento, tan sólo para ir a cien por hora después. Y en ese momento sé que siento algo muy grande por ella. Pero… ¿qué?
No obstante, esa pregunta tal vez no tenga respuesta nunca. Porque sus palabras siguientes crean mi tumba.
-          Está limpio- anuncia la Muerte con tranquilidad. Se le esboza una sonrisa en la cara cuando va a pronunciar las palabras que van a continuación.- Pero es una esencia. La de la pureza, la importante.
-          Sabía que era diferente- explica Noah, y aunque no le vea la cara, noto en sus palabras la alegría que le embarga.
Nadie nota mi agotamiento. Nadie se da cuenta de que si ahora hubiese un cuchillo en mi mano me lo clavaria en el corazón sin titubear. Nadie lo sabe porque ya no soy nadie. Soy algo. Una esencia, nada más. Y eso es lo único que les importa a ellos.
-          Llévalo a los cubos de cristal también. Tenemos que observarlo de cerca. Es diferente y averiguaremos el porqué.
Cuando Noah me da una patada en la espalda me levanto. No hay nada que hacer. Así que sería una idiotez por mi parte si opusiera resistencia. Camino todo lo deprisa que puedo en estos momentos. Me gustaría caminar lento, alargar este instante lo más que pudiese, tener tiempo para pensar en todo, pero Noah me fuerza para que me dé prisa.
Abre la puerta que está al final del salón. Y allí aparecen miles de cubos considerablemente pequeños (no creo que puedas dar dos pasos si está metido en él) en fila. Hay varias filas. El cristal trasparente resalta con la negra pintura con la que están pintados el techo y las paredes. Están todas vacías, menos una. Veo a Alek medio tumbada en una, con los pies encogidos porque no hay otra forma de hacerlo.
-          ¡Alek!- grito.
Pero ni siquiera se mueve.
-          No te escucha, están insonorizadas- me avisa Noah, con un tono de burla.
En otras circunstancias puede que mi orgullo o mi instinto de supervivencia no me dejaran hacerlo, pero ahora sé que no tengo nada que perder, porque ya no tengo nada, así que, ¿por qué no hacerlo?
-          Por favor, cazador… Ponme en el cubo continuo a ella. Por favor… Sabes que va a morir… Por favor- Las lágrimas no me dejan seguir.
Noah duda un poco. Un “mmm” suyo me llega a sus oídos. Y sé qué hará lo que crea que más nos joderá.
-          De acuerdo. Aunque que sepas que sólo lo hago porque sé que así sufriréis más los dos- y ríe con malicia.
No me importa que sus intenciones sean malas. Al menos estaré junto a ella.
A medida que nos vamos acercando, mi sonrisa se ensancha más. Cada paso que damos son menos los centímetros que nos separan. Y, ahora mismo, estar junto a ella es lo único que quiero hacer. No obstante… lo que ha dicho Marta me incomoda. ¿Un asesinato? Es absurdo, ella nunca haría algo así, seguro que se han equivocado. Se piensan que sus métodos son perfectos pero con ella ha habido un error.
Noah abre una puertecita casi invisible del cubo y me arroja a él de mala gana. Es ahí cuando Alek se da cuenta de que estoy a su lado. Se incorpora y me mira preocupada. Ni siquiera me doy cuenta de que se ha ido el cazador, yo sólo la miro a ella.
-          No te preocupes- le digo, y confío en que me haya leído los labios.
Pone una mano en el cristal mientras una lágrima se desprende de sus ojos y viaja por sus mejillas. Yo hago lo mismo. Y a pesar de que el cristal nos separe, noto su piel.
Quita la mano del cristal y se la mete en el bolsillo. Yo aún la dejo ahí sin darme cuenta. De su bolsillo saca una libreta enana y un bolígrafo igual de pequeño. Empieza a escribir. Cuando acaba lo pone en el cristal y yo lo leo.
«Sé que voy a morir. Pero antes quiero contarte una historia, mi historia. Porque no creo que sea capaz de decirte todo lo que siento directamente. Y además, creo que esto es lo único romántico que voy a poder decirte, y quiero que sea especial. También quiero que me perdones en un futuro, cuando lo entiendas todo. Por favor, lo que siento hacia ti es sincero.»
Eso es lo que dice. Cuando acabo de leerla la miro y mi corazón empieza a latir como nunca. Y me siento vivo. Ella aparta la libreta del cristal y empieza a escribir. Yo espero, nervioso y ansioso por ver lo que escribe. Al fin acaba y yo empiezo a leer esa letra pequeña con el corazón en un puño.
«Una vez una chica conoció a un chico. Esa chica tan sólo no tenía que cometer un error. Y lo cometió: se enamoró de aquel chico. Pero la chica no merecía su amor. Ella era mentirosa e interesada. Y el chico todo lo contrario. Y a pesar de que era eso lo que más le atraía, no podía dejar que un corazón así acabara con el hielo que era ella. Así que intentó dejar de verlo de esa manera, dejar de amarlo con esa intensidad y tan sólo preocuparse de su seguridad, que era entonces su mayor prioridad. Pero no era fácil estar tan cerca de él y no besarlo. Y tomó la decisión. Tomó la decisión de dejar todo aquello que la había hecho oscura y preocuparse tan sólo de su futuro con aquel chico. Conseguiría su vida y abandonaría todo lo que había prometido. Porque ya no podía más. Pero fue egoísta. Se preocupó por ella y con ello consiguió sólo la muerte de los dos. Pero no quería marcharse de allí sin decir lo que sentía. Y entonces, por ese último deseo, escribió esta carta.»
Mis lágrima caen y caen, demostrando con cada una de ellas este amor que siento por ella. Porque sí, es amor. Es eso. Hay partes de la carta que no entiendo, pero no necesito entenderlo todo. Sólo necesito saber que me quiere, porque eso es lo único que importa.
Retira la libreta una vez más y vuelve a escribir. Esta vez no tarda tanto en hacerlo, pero su mensaje es claro y me hace llorar aún más.
«TE QUIERO, ALES»
Quiero gritarlo. Susurrarle al oído lo mucho que la quiero. Y que no me arrepiento de haberla ayudado. Que esto es lo mejor que me ha pasado en la vida. Y que merece la pena morir por ella, porque ella es mi vida.
Yo no voy tan preparado como ella, que incluso tenía una libreta. Pero puedo hacer algo también. Cojo aire y suelto el aliento en el cristal hasta que se empaña lo suficiente. Y con el dedo, le escribo:
«TE AMO»
Más abajo, escribo con letras más pequeñas para que me coja todo.
«Y no me arrepiento de nada, porque tú lo eres todo»
Después de unos segundos, las letras se empiezan a borrar. Y vuelvo a ver su rostro de nuevo. Baja la cabeza un momento y vuelve a escribir en la libreta.

«Tenemos que escapar»

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