dimecres, 4 de setembre de 2013

EL DESTINO DE UN SOÑADOR QUE NACIÓ PARA SER LIBRE

Decimoséptimo capítulo- NUESTRA ÚLTIMA ESPERANZA Y LA MUERTE

Me quedo paralizado. ¿Cómo puede estar de broma en un momento así? ¿Cómo se le ocurre tensar aún más la cuerda de la que pendemos? Se puede romper, y no tardará mucho.
-          Alek… ¿Cómo puedes estar de broma en un momento así?- entrecierro los ojos.
Me mira a los ojos y hablando más alto de lo que debería, cogiéndome de los hombros, me dice:
-          No, Ales. Créeme. No podría estar de broma en un momento así ni en mil años. Prácticamente nunca estoy de broma. Ales, por favor… Me tienes que creer. Si no salimos de aquí te encerraran en una habitación vacía de cristal lo suficientemente grande como para que puedas dar unos cuantos pasos, donde te alimentaran tan sólo para estudiarte y protegerte. Serás su rata de laboratorio porque eres algo fuera de lo común. Ningún humano nunca ha llevado una esencia consigo desde que nació. Ningún humano del mundo ni ningún soñado de Althaea ha creado una esencia jamás. Así que Ales, por favor, me tienes que creer y tenemos que irnos de aquí de inmediato. Por favor…- Y aunque no haya la claridad suficiente veo el brillo en sus ojos que amenazan con derramar lágrimas.
Me alejo un poco de ella porque necesito espacio para pensar. Para asumir esto que me acaba de decir. Soy… soy una esencia… Es prácticamente… imposible. Pero… pero… si ella me lo dice será verdad, ¿no? Ella sabe mucho más que yo sobre esto de los sueños. Y supongo que tiene razón, nadie bromearía en una situación así en la que tu vida y la del que te acompaña están en peligro. Bien, eso añade más desconcierto a mi ser y más peligro al asunto.
-          Sí, vale, te creo. Pero es que es tan… ¿Estás segura que ese soy yo, Alek?- digo para asegurarme, aunque ella me responde con un enérgico “sí” con la cabeza- De acuerdo…- aunque todavía no me conciencio de que esto sea cierto, pero es en lo único que puedo creer ahora, y necesito algo a lo que aferrarme para avanzar. Así que me lo creeré, así al menos intentaremos salir de aquí.- Bien… Entonces, ¿Cómo salimos de aquí? Esto parece tener una seguridad increíble. Está hecho desde que se creó el primer ser humano, tienen que tener una tecnología avanzadísima, Alek.- Abro mucho los ojos y me empiezo a preocupar de verdad.
Puede que la noticia de que soy una esencia sea fuerte, pero no tengo tiempo de preocuparme por ella, de pensar en ella, ni recordar qué es una esencia porque todo esto me está haciendo que lo olvide todo. Ahora sólo puedo preocuparme de una sola cosa: salir de aquí. Como sea. Tenemos que hacerlo si queremos vivir los dos. Alek habla de seguida.
-          No te creas. Este mecanismo de seguridad no se creó al mismo tiempo que el primer ser humano. Recuerda que no siempre ha habido unas autoridades que mandasen en Althaea. Y cuando aparecieron, las personas reales todavía no sabían de la electricidad ni nada por el estilo, así que en lo que se refiere a seguridad y tecnología van igual de avanzados que nosotros. Aunque eso no quiere decir que la seguridad sea mala, pues en el tercer milenio en el que estamos ya se han inventado dispositivos de seguridad increíblemente alucinantes. Y de eso mis padres sabían bien poco…- Hace una mueca con la boca que no me gusta nada, indica que nada bueno se nos viene encima. Y esta vez, es algo peor que malo.
-          Joder… No tenemos ninguna posibilidad…- Bajo la mirada, sin saber qué hacer, ni a qué mirar, ni qué pensar…
Pero Alek parece que no está de acuerdo conmigo. Y eso me devuelve un poco de esperanza.
-          No, Ales, sí que tenemos muchas posibilidades. No con lo tecnológico, pero con lo tradicional yo tengo mucha práctica. Cuando entre podemos enrollarlo con la cuerda igual que hizo él con nosotros.
No me acaba de convencer esa idea… Es como… muy de cuento infantil. No creo que sea tan fácil como eso…
-          No sé, Alek… Ese cazador de esencias parece más fuerte que nosotros y sabrá como deshacerse de nosotros con facilidad. Además, ¿después que haremos? ¿Cómo saldremos? ¿Cómo abriremos la puerta de entrada?
Alek se lo piensa más esta vez, pero aun así sigue con su postura.
-          Supongo que habrá otra salida, y si no la hay ya veremos la forma de salir por algún lado. Pero es más peligroso quedarnos aquí, Ales. Si lo intentamos tenemos una posibilidad, si no, no tenemos ninguna. Tenemos que intentarlo, Ales.-Me mira, esperanzada de que yo apruebe esta decisión y podamos seguir adelante.
-          Pero…
Pero escuchamos unos pasos y no tenemos más tiempo para discutir. Mi corazón se paraliza y a partir de aquí todo va a cámara lenta para mí. Sólo tenemos una opción. Alek tiene razón. Debemos intentarlo al menos.
-          De acuerdo. Yo no sé cómo se hace todo esto, así que dime que tengo que hacer. Venga, rápido- digo en un segundo y susurrando. Cojo la cuerda y se la doy a Alek.
-          Sólo agarra un extremo de la cuerda y ponte a ese lado de la puerta. Cuando yo te lo diga, la sueltas.
-          De acuerdo.
En cinco segundos cada uno ya está en sus posiciones. Miro la puerta y noto como mi mano tiembla. Miro a Alek. Su mano tampoco está firme. Es entonces, cuando la puerta se empieza a abrir y veo la respiración exaltada de Alek, cuando sé que algo no va a salir bien. Pero no hay tiempo para otra cosa. Hay que intentarlo. Y ya no nos podemos echar atrás.
La puerta se abre.
Veo el rostro del cazador de esencias.
Me mira y lo miro.
Y veo como Alek se tira hacia sus espaldas, cuerda en mano y sujetándose con los pies en la cintura de él. Pasa la cuerda por su pecho. Bien, lo está consiguiendo. Puede que al final sí que consigamos salir de esta. Sigue enrollándole la cuerda por el cuerpo mientras le tapa los ojos con una mano. El cazador de esencias se mueve hacia todos lados, pero eso no detiene a Alek.
-          ¡SUELTALA!- me grita con todas sus fuerzas.
Y lo hago. Al menos la única cosa que tengo que hacer la hago bien. Veo como Alek coge el resto de la cuerda y empieza hacer el nudo. Pero…
Pero antes de que pueda acabar, la mano del cazador de esencias se deshace de las cuerdas, y con ella, cuando mueve toda la extremidad, se deshace todo el brazo de ella. Y coge uno de los hombros de Alek y tira hacia abajo. Alek se tambalea y está a punto de caer. Pero se coge a su cintura. Aunque ya es demasiado tarde. Ha perdido el equilibrio y el cazador sigue tirando hasta que Alek cae al suelo. Se agacha y la coge de los hombros, la pone de pie y la tira de tal manera que acaba casi al fondo de la oscura habitación. Entonces se dirige a mí. No me muevo. No sé por qué, pero no me muevo. Tal vez porque tengo demasiado miedo. Intento que nada me tiemble y no parecer nervioso, aunque creo que no lo estoy consiguiendo. Me mira, y tal y como ha hecho con Alek, me tira a mí. Aunque yo tampoco es que ponga mucha resistencia.
-          Parece que una simple cuerda no es suficiente para vosotros dos.- Se acerca a nosotros.
Del bolsillo saca dos esposas, demasiado gruesas diría yo. Nos ponemos en pie. Ya no oponemos resistencia. Sabemos que no podemos hacer nada ya ahora. Tan sólo esperar a ver de qué lado está la suerte esta vez.
Nos pone espalda contra espalda a Alek y a mí, bruscamente. Nos pone las manos en la espalda y nos entrelaza las dos esposas. En la primera une mi muñeca izquierda con su izquierda. Y en la segunda, mi derecha con su derecha. Así no nos podemos mover casi y prácticamente no podemos andar.
-          Venga, andando.-Y nos empuja, haciendo que nos tambaleemos hasta casi caernos.
Nuestros pies se cruzan y no nos ponemos de acuerdo. En un minuto no nos hemos movido ni un metro.
-          Queréis daros prisa, no tengo tiempo que perder con esta tontería.- dice de mala gana desde la puerta.
Claro, para él es fácil decirlo, pero nosotros que estamos prácticamente pegados nos resulta imposible hacerlo.
-          De lado, Ales. Los dos veremos por donde vamos y nuestros pies no se enredaran.
Ponemos en práctica la idea de Alek. Bien. Perfecto, diría yo.
-          Chica lista- Y le guiña un ojo, lo que me produce un deseo de matarlo que se intensifica por segundos.
El pasillo ahora se me hace más corto, pues estoy concentrado en sincronizarme con Alek y casi no me doy cuenta de que ya lo hemos recorrido entero. Volvemos a estar en esa estancia parecida al hall de un hotel. Pero no nos detenemos ahí, nos dirigimos a la puerta que hay en la otra banda. Y entramos en habitación… bueno, más que una habitación, se parece a un salón de baile de un castillo de la Edad Media, tres veces más grande. Pero eso no es lo que más me sorprende, lo que me deja prácticamente helado.
En medio de la sala hay cuatro personas. De pie, con una mesa a sus espaldas.
Una princesa, con un vestido rosa (si se le puede llamar rosa a ese vestido tan manchado de barro) con una espada en mano. Su rostro es tan angelical y su pelo castaño tan brillante…
Un chico adolescente. Por las pintas que lleva parece bastante rebelde. Lleva puesta una cazadora de cuero negra sobre una camiseta azul oscuro. En sus pantalones cuelgan algunas cadenas. Su boca se mueve mientras mastica el chicle, que a veces roza el piercing que lleva en ella. El pelo negro y corto despeinado le da un aspecto aún más rebelde.
Un… ¿borracho? Sí, eso parece. Lleva unos pantalones de chándal holgados y una camiseta de tirantes blanca igual de ancha. Está medio calvo y lleva una botella en la mano. Su mirada está perdida en algún lugar sin definir.
Y algo parecido a… la muerte. Sí, lleva una capucha, pero su rostro se puede ver perfectamente. Ojos vendados. Sin boca alguna. Y con una nariz rota que se retuerce. La cara llena de cicatrices y sangre por toda ella. Lleva puesto un abrigo de punto bastante deshilachado. Y pantalones tejanos. Los pies descalzos.

Trago saliva e intento convencerme de que todo va a salir bien. Pero… ¿a quién quiero engañar? Prácticamente, estamos muertos.

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