divendres, 13 de desembre de 2013

EL DESTINO DE UN SOÑADOR QUE NACIÓ PARA SER LIBRE

VIGÉSIMOPRIMER CAPÍTULO- DOS PALABRAS QUE NO VAN JUNTAS

Nos detenemos en un lugar oscuro. Jadeando, me siento en el suelo, sin mirar lo que hay ahí, sin pensar en que no pensar podría causarme la muerte. Tan sólo respirando e intentando mantener mis pulsaciones tranquilas. Cierro los ojos y por un momento todo se me olvida. Mi respiración cada vez va siendo más pausada, recobro el aliento. Pero mis pulsaciones no se detienen, ni siquiera se inmutan al ver pasar el tiempo. Laten porque escuchan la respiración que está a mi lado, porque notan ese brazo que se posa en mi hombro para apoyarse. Abro los ojos. Y no, no ayuda eso al palpitar de mi corazón. Apenas veo nada. Todo es una mancha oscura. Miro hacia el cielo. No parece una noche estrellada, aunque tal vez a unos metros más allá reluzca un sol radiante. Mi vista sí que responde al tiempo y, a medida que pasa, se va adaptando a las sombras y consigo ver con bastante claridad. Entonces es cuando reparo en el leve rumor del agua a un par de pasos hacia mi derecha. Y distingo el lago, el maldito y asqueroso lago que casi me mata hace unas horas. O… ¿Qué es aquí el tiempo? ¿Cuánto tiempo habrá pasado? ¿Cuánto nos quedará?...
Mi mente se detiene y para de formularse preguntas en cuanto nota el tacto frio de la mano de Alek en mi cuello. Me revuelve el pelo con suavidad mientras se gira hacia mí. Distingo sus ojos verdes en este barullo de sombras. Y su boca se acerca. Sus ojos se cierran. Y los míos también. Cuando sus labios tocan los míos, me abrasa la piel. Noto como me ruborizo con timidez, nunca he besado y no sé cómo hacerlo exactamente. Pero ella lleva el ritmo y no parece preocupada por eso. Mis manos tiemblan mientras le toco el pelo. Esta es la primera vez que la beso estando cuerdo. Estoy abrumado. Feliz. Y tengo miedo, no sé por qué, pero tengo muchísimo miedo. Más del que he tenido nunca, inimaginable para un ser humano que no ha estado en la situación en la que me encuentro ahora mismo. Pero aun así no soy capaz de despegar mis labios. Mi respiración es entrecortada y tengo que parar un par de veces para respirar. No sé qué me pasa, no sé qué es esto. Este miedo que me pide a gritos que eche a correr pero que a la vez me suplica que me quede aquí con ella, para siempre. No sé qué es esto, pero dejo de besarla. Mi corazón amenazaba con estallar si no lo hacía. Y mis lágrimas también.
-          Nunca he amado de esta manera. Y no sé amar así. No sé qué es lo que siento ahora mismo. Y tengo miedo… Pero por favor, no te vayas.
No me responde con un beso, sino con un abrazo. Y se lo agradezco mucho. Sé que la quiero, que quiero estar lo más cerca de ella posible. Pero… no sé, no entiendo que es lo que me pasa. Este miedo que siento…
-          Lo entiendo- dice después del abrazo-. Tendríamos que buscar algún escondrijo, no estarán muy lejos. Está oscuro, eso es un punto a favor y en contra para nosotros. Si no salimos de aquí ahora mismo no creo que vivamos para contarlo, al menos no feliz, en tu caso.
La maldita esencia… Es decir, yo. No me acostumbro al saber que soy una esencia, la de la pureza. ¿Puro? ¿Qué puede tener de puro un chico que siempre ha estado al margen de todo? Siempre he sido la nada en el instituto, la nada en la ciudad, la nada en todos los aspectos. Y ahora soy el todo para esas personas. La verdad es que prefiero ser esa nada, mi cálida i humilde nada…
Nos levantamos a la vez, pero es ella quien determina el rumbo.
-          Vamos por ahí- decide señalando el espeso follaje que se extiende ante nosotros.
-          Mejor vayamos por allí, no hemos ido todavía y no se esperaran que caminemos por terreno desconocido.
-          Aquí las sorpresas te esperan en terreno conocido o desconocido. Todo puede pasar aquí. Y él sabe que soy lista, pensará que nos desviaremos de rumbo tal y como dices tú. Pero intentaremos ir un paso por delante.
Lo que dice tiene sentido. Pero no sé si ellos serán lo suficientemente listos para deducir eso. El cazador de esencias parece más bien sólo músculo, del borracho y el salido ni hablamos, la princesa parece demasiado inocente y…, bueno, la Muerte es la única que es inteligente. Demasiado… ¿Y si es tan inteligente y sabe lo que pensará Alek y toma el mismo camino que nosotros? Aun así tenemos que arriesgarnos.
Todo el amor que inundaba la situación hace unos segundos (todo el amor que puede haber cuando estás al borde de la muerte) se disipa y vuelve la tensión de siempre. Aunque lo entiendo, nuestro instinto de supervivencia nos obliga a actuar así. Y además, es mejor tomarnos ahora esto muy en serio y vivir que no tomárnoslo como un mundo de arco iris y color para morir al final.
Alek abre camino con las manos. Supongo que no querrá echar a perder la cuchilla del cuchillo. No me ha contado que llevaba esas cosas consigo… Tal vez podría habérmelas traído yo también. Así tendríamos protección los dos. Pero ahora no es momento de hablar de los “podría” porque no acabaría. Así que me concentro en el camino, pero me guardo en la mente una nota importante: En cuanto estemos en un lugar seguro, tengo que hacerle un par de preguntas. Siento que no me lo ha contado todo.
Algunos árboles y partes del bosque me resultan familiares. Eso me tranquiliza aunque Alek haya dicho que no tendría que hacerlo. Me pregunto si compartirá las ganas que tengo de besarnos… Pero no digo nada. No es momento. Y ahora menos. Pasamos por el árbol hueco donde dormimos durante un rato.  La parte de abajo está totalmente destruida. Tan sólo se sostiene gracias a unas franjas de madera que han quedado. Aunque supongo que el hecho de que sea algo soñado también ayudará a que tarde en romperse algo por completo, o que nunca se rompa. Yo miro el árbol con tristeza mientras me estremezco al recordar lo que ha pasado hace nada aquí mismo. Ahora parece todo tan tranquilo… Pero ella lo miro con curiosidad y con la mente a mil por hora. Algo es diferente. Lo noto, lo sé. ¿Pero el qué? Es todo tan tranquilo… Demasiado incluso.
-          Ales… ¿No notas algo dife…?
-          Tal vez soy yo- le interrumpe una voz aguda.

Alek me mira, extrañada de que esa voz tan aguda salga de mi garganta. Pero es que no ha salido. Y yo estoy tan confundido y aterrorizado como ella. Nos giramos lentamente, a la vez e intercambiando miradas de terror. Hasta que lo vemos, detrás de nosotros. Al niño bajito que antes jugaba en la casa de madera que está en la copa del árbol. Dani. Con un pelo negro azabache y esos ojos azules como el cielo, y esa mirada penetrante… Me quedo mudo, Alek también, pero eso no afecta a la curiosa sonrisa del niño.