divendres, 5 de juliol de 2013

EL DESTINO DE UN SOÑADOR QUE NACIÓ PARA SER LIBRE

Sexto capítulo- NO, NO EXISTEN

En este momento, la materia de la que está hecho mi cuerpo se destroza, se cae, se quema, se polvoriza y acaba en el suelo. Mis ojos pierden expresión y mi mente el saber. Me vuelvo hacia ella, es un auto reflejo. La miro serio, enfadado y no sé por qué. Me sigue agarrando la muñeca, con fuerza. La miro. ¿Esto es una trampa? No lo sé, pero tengo miedo. ¿Cómo puede saber que tengo sueños premonitorios? Simplemente, ¿cómo? Estiro mi brazo hacia mí para deshacerme de su mano y doy un paso atrás. Así estoy más seguro. Sigo sin saber qué hacer. Ni siquiera sé que está pasando. No sé nada. Y eso me pone en desventaja. ¿Cómo sabe ella tanto y yo tan poco? Es… es… prácticamente imposible que todo esto sea una casualidad. Tengo miedo. Todo esto es por algo. Es que… no me explico cómo puede saberlo.
-          ¿Qué?- Mi voz es un susurro que refleja todo mi miedo y todo lo que sé: nada.
-          Que lo sé, Ales, sé que tienes sueños premonitorios- repite, sin poner mucho cuidado en sus palabras.
Me asusto aún más.  Aunque sólo haya repetido la misma frase, escucharlo otra vez aumenta mi miedo. Esto lo confirma todo.
-          No. Es imposible. Nadie lo sabe. ¡NADIE!- grito, enfadado, frustrado por el poco secretismo de mi secreto.
-          No puedo decirte porqué lo sé. Pero lo sé. Siempre lo he sabido. Así que no te vayas… no te vayas por ellos.
Sus palabras son difíciles de digerir para mí. Para ella serán simples palabras, pero a mí me traen mil dudas y mil preguntas.
-          ¿Cómo lo sabes?- Sigo sin acercarme y estoy alerta ante cualquier movimiento.
-          No puedo explicártelo bien. No puedo… Pero créeme, saberlo no cambia mi opinión sobre ti. Sigues pareciéndome una buena persona, con sueños premonitorios o sin. No te vayas, por favor- De sus ojos brota una lágrima y su voz se desgarra en esa última palabra.
La mezcla de sus palabras y el saber que va a morir hacen que algo dentro de mí vaya muriendo. Me quedo. No puedo dejarla sola hasta el día de su muerte. Va a morir, al menos así está acompañada hasta su último suspiro… No quiero que muera sola, aunque sea con una compañía como yo.
-          Me quedaré. Aunque sigo teniendo esa duda sobre cómo sabes lo que tengo.
-          Te lo explicaré, te lo prometo, pero ahora no puedo. Dime, Ales, si quieres, ¿qué te ha dicho ese sueño?
-          No querrías saberlo, y será mejor así. ¿Por qué no olvidamos esto y seguimos conviviendo como hasta ahora? Además, creo que los sueños premonitorios se están empezando a ir. Es como una enfermedad, y se está curando. Quiero olvidarme de ellos para siempre.
-          No, Ales, los sueños premonitorios nunca se van.-Se acerca a mí, hago el ademán de alejarme, pero no lo hago.- No son ninguna enfermedad. Es un don. Y tienes que aprender a convivir con ese don.
-          No, no es un don. Y no hables de ello como si fuese algo bueno, porque no lo es. Todo son desgracias. Desde que empezó esta enfermedad sólo he sabido las desgracias de antemano. Lo peor es que no se puede cambiar nada. Esa sensación de impotencia…
-          Te equivocas, sí se puede. Es difícil, pero se pueden cambiar las premoniciones. Siempre y cuando no sean…
-          ¿Qué? ¿En serio? ¿Lo dices en serio?-Esto lo cambia todo, absolutamente todo. Doy ese paso que nos separa y la abrazo con fuerza- Entonces lo podemos cambiar. Podemos cambiarlo, Alek. No te vas a morir. Vamos a cambiarlo y no te vas a morir- Sonrío, mientras aspiro el olor de su cabello.
No sé por qué me he puesto tan contento si hace unos segundos quería irme de esta casa. Los sentimientos de mi cuerpo van y vienen sin una razón en concreto.
Alek no me devuelve el abrazo. No se mueve. No dice nada. Ni siquiera parece alegre por poder cambiar su destino. Y me separa de ella. Con sus manos me empuja un poco con suavidad para apartarse de mí.
-          Siempre y cuando no sean finales. No, Ales. Si eso es lo que has soñado, no se puede cambiar. Se puede cambiar el camino que recorre algo, pero no el final, no donde acaba. El destino final, ese punto donde todo termina, no se puede cambiar. Porque entonces todo se desmoronaría. Cambiaría el destino de todo, porque si ese algo no acaba cuando tiene que acabar, intervendría en el resto de cosas, y estas cambiarían su destino también. Por ejemplo, puedes cambiar los éxitos de una persona, la salud de un árbol, pero no puedes cambiar la muerte de esa persona, no puedes cambiar que algún día ese árbol se seque o lo talen.
Mi alegría cae al suelo como si de plomo se tratase. Tenía la esperanza de que… Pensaba que podía cambiarlo…Me había hecho ilusiones de que al menos por una vez las cosas no fuesen mal. Pero… ya está. ¿Todo se ha acabado?
-          Entonces, ¿ya está? ¿Ahora que lo sabes te vas a quedar con los brazos cruzados?
-          ¿Qué otro cosa voy a hacer?
Intenta ser fuerte. Pero se le escapa una lágrima. Y luego otra. Y más. Llora en silencio, intentando que yo no escuche ni vea sus lágrimas. Le abrazo y lloro con ella. Lo mejor que puedo hacer ahora es ser su compañero de tristeza, alguien que llore con ella, que sienta lo mismo que ella. Y no tengo que hacer muchos esfuerzos para serlo. Todo lo que ha hecho ella por mí… Todo lo que pensaba hacer… Ella era mi esperanza, la única posibilidad que tenía para rehacer, pero de una forma bonita. Era… una luz al final del túnel. Es… la luz al final del túnel. A pesar de ese misterio y desconfianza que desprende, no puedo evitar sentir cierto aprecio hacia ella. A pesar de que confíe y desconfíe continuamente de ella, no me ha hecho nada malo.
-          Tiene que haber algo… algo que podamos hacer. Entre los dos podríamos protegerte y…
-          No, Ales, no quiero. No quiero pasarme todo lo que me quede preocupada por lo que me pueda pasar. Ni que tú lo estés. Porque va a pasar. Porque entonces mi vida se acabaría aquí. Si tengo que tener miedo todo lo que me quede, ya no sería vida…
-          No digas eso, Alek. No va a pasar nada. Todo va a seguir como antes. Puede que se haya equivocado esta vez…
-          Ales… los sueños premonitorios nunca se equivocan. No hay nada que hacer. La verdad es que he llegado más lejos de lo que pensaba.
-          Por Dios, si sólo tienes unos veinte años. No digas eso. Además, ¿cómo sabes que no está equivocado? ¿Cómo sabes tantas cosas sobre los sueños?
-          Lo sé. Sólo importa eso.
Me separo de ella.
-          No, no sólo importa eso. ¿Quién te explicó todas esas cosas? Tal vez él sepa algo. ¿Quién?
-          Mis padres…
Todo queda en silencio, menos mi cabeza. Es un tema delicado, pero no puedo evitar pensar en ello. Si me está mintiendo y ocultando quien se lo dijo de verdad sólo para protegerme…
-          ¿Tus padres? Pero… ¿cómo sabían ellos todo eso sobre los sueños? ¿No me dijiste que venían de la ciudad? ¿Alek?- Sé que no le he dejado tiempo para responder, pero quiero saber si todavía sigue ahí o si me ha dejado de escuchar.
-          No lo sé…
-          ¡PERO TIENE QUE HABER ALGO, JODER!
No puedo más con esto. Empiezo a llorar y me tiro al sillón. Algo con lo que evitar esto… No puede ser que el destino sea tan preciso. Ella se sienta también, en el de al lado. Intenta no hacerlo, pero noto como sus lágrimas caen.
-          Hay una cosa, pero no, es imposible. Generaciones pasadas lo han intentado y sólo han conseguido… su propia destrucción.
No importa. Estoy desesperado. Lo único que necesito es esa posibilidad, un poco de esperanza.
-          ¿Qué cosa, Alek?- pregunto, agarrándole el brazo con tanta fuerza que hasta duele.
-          No, Ales, es muy arriesgado y seguramente acabaríamos los dos muertos. Y tú no tienes que morir.
-          Alek, tú te arriesgaste a morir cuando me ayudaste a enterrar a mi madre; ahora mismo te estas arriesgando por mí. Deja que me arriesgue yo por una vez.
Durante unos segundos, eternos para mí, el silencio es el único protagonista de la situación. Hasta que ella pronuncia las palabras que cambiarán el rumbo del destino que yo creía que tenía.
-          De acuerdo. Pero si quieres abandonar en cualquier instante, dímelo y lo dejaremos.
-          Bien. ¿Por dónde empezamos?

-          Por Althaea.

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