dissabte, 3 d’agost de 2013

EL DESTINO DE UN SOÑADOR QUE NACIÓ PARA SER LIBRE

Decimosegundo capítulo- LA LEYENDA DE LAS ESENCIAS

Me levanto de la silla. Por un momento, en el cual nuestras miradas todavía no se han separado, parece una vieja película del oeste donde dos hombres van a batirse en duelo. Pero yo aparto la mirada de seguida. Cuando voy a ir a por Alek, me tropiezo con una pata de la mesa y tengo que agarrarme a la pared para no caerme. Nadie me mira, pues los borrachos de la otra mesa hacen aún más ruido. Mientras camino hacia Alek miro de reojo al chico que acaba de entrar. Ya no me mira. Veo como, al acabar de cobrar a mi compañera, la camarera se dirige a él. Antes de que pueda darme cuenta, tengo a Alek a menos de cinco centímetros. En cuanto la veo, ignorando su sorpresa de verme aquí y no en la mesa, le susurro lo más bajo y disimulado que puedo.
-          Alek, vámonos. Acaba de entrar un chico que me ha mirado de forma extraña, como si me conociera o algo. No sé, ha sido extraño. Marchemos de aquí antes de que sospeche más de lo que tiene que sospechar ya.
Cuando acabo mi breve explicación, Alek y yo nos miramos, con una preocupación clara en la mirada. Ella aprieta los labios. Yo me llevo los dedos a la boca y empiezo a morderme las uñas. Lo hago a veces cuando estoy muy nervioso y preocupado. Mi mano tiembla y no consigo mordérmelas bien, me hago daño.
Alek se da la vuelta y se dirige a la puerta con aspecto natural, como si nada hubiese pasado. Yo la sigo, aunque no se me da tan bien fingir como a ella. Intento evitar mirar al chico de sudadera azul. Con esfuerzo y con algunos ademanes de hacerlo, lo consigo. Salimos y hay el mismo barullo que hace un rato cuando hemos entrado. Pero ya estoy preparado. Ya no me volverá a pasar lo de antes. No puede volverme a pasar. No ahora cuando tenemos más prisa que nunca. Pasamos el edificio donde está la posada. Y en cuanto lo hacemos, me llega el susurro de Alek.
-          Corre.- Es una orden más que una opción.
Ella empieza primero. Y yo la sigo. Esquivo un millón de cosas. Niños que juegan, mesas en mitad de la calle, todo. Mis reflejos ahora parece mil veces mejores que normalmente y consigo no caerme ni tropezarme en ninguna ocasión. Todos mis sentidos se ponen alerta e incluso yo me sorprendo. Alek sigo yendo delante, y no la pierdo de vista gracias a la mano que me tiende de espaldas. Aunque no la cojo porque así no podríamos ir igual de deprisa y podríamos perder el equilibrio.
Hay mucha gente y muchas cosas. Tenemos que empujar si queremos pasar. La calle se hace larga, parece como una avenida principal. Espero que no haya muchas avenidas como esta…
Al fin, después de un cuarto de hora corriendo a trompicones, llegamos al final de la avenida. El camino se bifurca en otros caminos que a la vez se bifurcan en otros. Es parecido a un laberinto, pero al menos no hay tanta gente como aquí.
Cogemos el segundo camino empezando por la derecha. Por el que hay menos gente. Sólo hay unas diez personas en esa calle, contando las que entran y salen de la avenida. Seguimos corriendo. Nadie se extraña por nuestra carrera, pues ellos no es que hagan cosas más normales que nosotros. En una esquina consigo ver a tres traficantes pasándose la droga. Me da repelús, como si estuviese siendo testigo de un grave delito. Lo que me hace preguntarme una cosa. ¿Aquí también hay leyes? Es decir, ¿ese tipo de cosas también son ilegales aquí? Pero no me concentro en pensar en esa pregunta. Ignoro a los traficantes, al payaso, al enano y a los hombres de negocios que consigo diferenciar por el rabillo del ojo.
Corro. Y ahora que hay menos gente le cojo la mano a Alek y me pongo a su lado. Nos soltamos y seguimos corriendo. Ella siempre escoge el camino. Ella es la que sabe, aunque deduzco que nunca antes había estado aquí.
Cuando ya hemos recorrido unas cinco calles más me doy cuenta de que cada vez hay menos gente, pero que todavía hay alguien. Vislumbro un estrecho callejón sin salida y ahora soy yo el que la dirige hasta allí. Llegamos al final y nos damos un minuto de tregua, que lo pasamos jadeando a causa del cansancio.
-          ¿Crees que podría habernos seguido?- le pregunto, aun sin tener el mínimo de aire en los pulmones.
-          Lo dudo mucho. Hay mucha gente. Sería como encontrar a Wally- responde ella, en el mismo estado que yo.
-          ¿Wally?
-          Déjalo. Es un juego muy antiguo. Muy muy antiguo, nadie juega desde hace décadas. Me lo enseñaron mis padres. Pero no importa, olvídalo.
-          De acuerdo, entonces, si no nos seguía, ¿Por qué hemos corrido tanto?- Mientras hablo me deslizo por la pared del callejón, abatido.
-          Podría haber sospechado otro de nosotros. Aunque parezca de chiste, aquí más o menos se conocen todos. Son… muy sociables.
Me quedo sentado allí. Alek parece haber recuperado el aliento bastante rápido. Yo lo recupero un minuto más tarde que ella. Menos mal que gracias a la natación he conseguido un poco de masa muscular, no creo que hubiese aguantado sin ella. Aunque estoy bastante delgaducho…
-          ¿Y cuál es el siguiente paso, Alek?- le pregunto, mirándola desde abajo.
Ella también se sienta. En esta parte de Althaea, en este justo callejón, todo está oscuro, casi no le veo la cara. Lo único que consigo distinguir es un poco de luz al principio del callejón. Miro el cielo y contemplo el punto donde se unen la oscuridad y la luz. Es como una escalera de colores. Al principio es un color fuerte, vivo, y va disminuyendo su intensidad hasta que se mezcla con el otro color y se impregna hasta convertirse totalmente en él. Y todo eso en tan sólo un centímetro. Justo en ese punto de separación que casi no se percibe. Simplemente hermoso…
Alek vuelve a hablar y me aparta de mi ensimismamiento.
-          Te contaré la leyenda de las esencias tal y como me la contaron a mí. Es algo muy importante para esto. Creo que lo entenderás mejor así.
»Althaea apareció mucha antes que el ser humano. Era un lugar pequeño, pues eran menos los sueños recordados, ya que la población era mucho menor. Pero cuando éstos aparecieron, cuando los humanos llegaron al mundo- Mira para abajo, sin detenerse ni titubear ni una sola vez. Es como si hablara para ella misma, pero yo la escucho con mucha atención.- los sueños aumentaron. Y con ellos, los recordados. Y Althaea se hizo más y más grande. Tan enorme que ya no podía hacerse más. Y seguía igual de llena. Necesitaba unos pilares, igual que cuando construyes un edificio. Contra más grande es el edificio, más pilares y más fuertes tienen que ser. Y Althaea tenía que ser muy grande. Así que los pilares tenían que ser poderosos. Así que ella misma, como si de algo natural y normal se tratase, cogió lo más poderoso que tenía cerca. Los sentimientos, las emociones de un ser humano. Porque no hay nada más poderoso que los sentimientos y emociones de la raza humana. Eran la esencia que necesitaba Althaea. Así que cogió todas ellas, todas las que te puedas imaginar y le dio un hogar a cada una de ellas. Un hogar que esparció por Althaea. Así, con esos pilares poderosos e indestructibles, Althaea creció y desde ese día no para de crecer. Porque esas esencias son poderosas y tienen un valor infinito. Y las primeras palabras de un sueño humano, de un humano soñado fueron “Las dulces en el límite del agua. Las frías allí donde esté tu hogar. Las negras donde la oscuridad y los oscuros se hallen. Las neutras al final de cada otra. Las imposibles en la tierra, donde lo imposible se hace realidad y el brote salga en el horizonte. La única, la importante, no existe pero existirá”. Esas fueron sus palabras y así tal y como suenan se hicieron conocer por toda Althaea. La avaricia y el miedo se apoderaron de este lugar. Algunos todas las esencias deseaban encontrar. Para otros, eran los dueños de sus pesadillas. Así apareció el cazador de esencias, creado para vigilar todas esas esencias y mantener a los soñados a salvo. Él no sabe su paradero, pero se dará cuenta de su don y verá en objetos normales esa esencia que tantos ansían buscando.
Un silencio cubre todo, todo mi yo. Vuelvo a repasar todas sus palabras, las de Alek y las del primer ser humano soñado y recordado. Pero antes de que pueda comentar o preguntar nada, ella habla.
-          Así es la leyenda. Claro que solo es una teoría, pues las leyendas son eso, leyendas. Pero hay muchas partes ciertas en esta. Sólo que ahora el cazador de esencias trabaja para el gobierno y se encarga de atraparlas y llevarlas hasta ellos, no de vigilarlas. Las cosas han cambiado. Ya no hay tanta libertad aquí…
-          Entiendo. Ahora entiendo más este sitio. Pero aun sabiendo que nuestra esencia se encuentra en una flor o en algún otro vegetal que crezca en la tierra, ¿cómo sabremos donde se encuentra?
Alek se queda un rato en silencio. Está como distante, pensando en otras cosas. Al fin vuelve a mirarme a los ojos y me contesta.
-          Esa clasificación que narra el primer humano soñado no es una clasificación exacta y única. Una misma esencia puede clasificarse en distintos lugares. Así que piensa. Eternidad. Es un imposible, eso está claro, así que se encuentra en la tierra. Pero también es negra si cae en malas manos. Así que también se encuentra donde los oscuros se hallen. Es dulce, pues para alguien que la ansíe tener y consiga su poder, es una esencia dulce. También es neutra, pues tan sólo te trae eternidad, ninguna emoción ni sentimiento que cambie tu estado de ánimo. Pero a la vez es fría, pues en manos no deseadas puede ser el mayor de los infiernos. Ése es el problema. Que es una esencia que se encuentra en todas las clasificaciones. Como si tan solo una persona, la adecuada, la elegida, pueda encontrarla. Y tenemos que intentarlo. Al menos intentarlo…- su voz se apaga en esa última frase.
No digo nada. Algo no encaja para mí. Miro el inicio del callejón por si alguien nos vigila, pero eso no es así. No creo que ni que nos distingan en esta oscuridad, y más en los susurros en los que hablamos. Sigo pensando, hasta que la duda me asalta.
-          Pero no cubre todas las clasificaciones. Falta la única, la importante, la que no existe pero existirá…- Y intento encontrar su cara en la oscuridad en busca de la respuesta.
-          Pero esa no existe, así que no importa. Olvidémonos de ella.
No sé si eso estará bien. Siento que esa esencia es importante también, aunque no exista. Pero ella es quien sabe, la que dirige y no puedo discutir algo de lo que ni siquiera yo estoy seguro. Así que me limito a preguntar lo que tengo que preguntar.
-          ¿Y por donde crees que deberíamos empezar a buscar esa esencia?

-          En el bosque. En el lugar donde los oscuros se hallan. Donde creo que todo se halla. Pero es peligroso. Será peligroso. Esto no es un sueño habitual, Ales. Aquí, si mueres, no te despiertas. Te mueres para siempre.

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